18 años recién cumplidos. Comienza la universidad y el nene se pira con todas las ilusiones y una maleta llena de comiditas hechas por la mamá para la gran ciudad, Madrid, aunque todo hay que decirlo, yo vivía en un pueblo que era más tranquilo. De hecho, lo más lejos que había llegado hasta esa edad era Benidorm.
Me fui a vivir sólo durante los dos primeros años. Primer choque cultural. Sí, sí, porque en Ejpaña hay muchas culturas y los madrileños son especiales. Cuando llegué lo primero que me encontré fueron lo que yo por aquella época consideraba “un montón de pijos con una patata en la boca” que hoy serían gente totalmente normal porque ahora el pijo creo que soy yo
Ya sabemos que cuando entras en la universidad conoces a gente de todo el país e incluso del extranjero, y teniendo en cuenta lo que yo estaba estudiando y viendo lo bien que se lo pasaban los erasmitos, me propuse irme en tercero de carrera, y así fue, obtuve plaza en Bélgica y me fui. Como era la primera vez que salía de España, mi hermana se vino conmigo, quería comprobar que todo había salido bien y que el sitio dónde me iba a vivir era el apropiado, y así fue, pero para sorpresa nuestra cuando llegamos lo que yo había pagado ya, que habían sido dos meses y ví aquello… Resultó ser un verdadero cuchitril en el barrio de las putas chungas y mi hermana dijo que nanai, que yo no me quedaba allí ni de coña y sin yo querer volver, porque yo no quería, me tuve que venir de vuelta a esta nuestra Ejpaña, así que me jodí ese año bastante y esperé al siguiente, que en vez de beca de 5 meses fue una beca de un año completo. Imaginad, vivía en el Monmartre de Gante y de nuevo sólo, así que creo que fue la mejor opción, regresar, pero me gustó tanto la ciudad y la universidad y el sitio en general que al año siguiente volví al mismo sitio.
Para la siguiente entrada veremos cómo compartir piso con una petarda gilipollas y no morir en el intento a la vuelta a Ejpaña.