Un cateto en la ciudad, tercera parte

Y por fin llegó el cateto y comenzó a compartir piso por primera vez en su vida. Para el cateto, uzeaze, er menda, era toda una experiencia, pero vayamos por partes:

Sobraba una habitación que teníamos que cubrir buscando un tercer inquilino para ahorrar gastos. Yo por mí no lo hubiera buscado: era un piso de más de 100 metros cuadrados con 3 dormitorios, dos de matrimonio y el tercero podía ser ¿de invitados por ejemplo? No pudo ser, la señora ya empezó poniendo pegas diciendo que sus padres no tenían dinero para pagar 350 euros mensuales. ¿Y yo sí? Mi padre no es un alto cargo en el ejército como el tuyo guapa… Y es que como decimos por aquí: “los que más lloran, los que más tienen”. Pues por fin llegó de Alicante a vivir con nosotros Pelopo (no, no se llamaba Pelopo, yo le decía pelopo, como decimos en mi pueblo, de pelopolla, porque tenía el pelo igual) y claro, entre dos hombres y una “dama” le cedimos un cuarto de baño a ella solita mientras nosotros dos compartíamos cuarto de baño. Supongo yo, pero es un suponer, que no había notado mi presencia por la casa, porque el cuarto de baño lo tenía como si fuera suyo. De hecho, ni siquiera limpiaba la bañera al ducharse cuando es de lógica que a los que van detrás le tienes que dejar las cosas limpias. Pues queridos amigos, como podréis imaginar, cuando yo entraba en la ducha, ya me cabreaba, y encima me tenía que callar porque no lo conocía de nada y no había confianza como para decirle: “que te has dejao tos los pelos en la ducha so guarro”. Claro que, siempre hay pelos y pelos, pero con él nunca sabías, porque los de la cabeza eran un implante de las partes bajas. Tened en cuenta que los de abajo son más fuertes y más rizados, esos eran garantía segura de una NO calvicie!

Así que claro, nuestra primera conversación, la que conté en la anterior entrada, estaba claramente predestinada a ocurrir, pues directamente prefería pasar al servicio de un bar de carretera. Por tanto a la segunda semana er nene intentó poner planes de limpieza semanales, los que se hacen en todos los pisos compartidos, pero la buena señora dijo que era fácil, el que antes viera la suciedad antes la quitaba… Al final les recomendé que fuesen a la óptica…

 

Así que ya véis lo difícil que resulta compartir piso con extraños. Y esto sólo acababa de empezar.

Seguiremos en la siguiente entrada, subtitulado “cómo un salón de un piso en una comunidad de vecinos se convierte extrañamente en Pachá Ibiza todas las noches”

6 comentarios para “Un cateto en la ciudad, tercera parte”

  1. jajajajaja.. eso está claro, si a veces es hasta difícil convivir con los que quieres a rabiar, no te cuento yo con desconocidos!

    Pero lo que más me impacta es lo de pelopo.. mi hermana y yo (sin saber que existía) usamos la expresión “pelo polla”; con el tiempo fuimos viendo que bastante gente lo emplea, y me hace gracia que muchos lo usen sin saber que es común… vaya, que es una expresión que le sale a la gente de dentro!

  2. curioso brid!
    Ya ves! Lo que va a dar de sí mi experiencia en ese piso, eh? Pues todavía me queda todo ese año, mi erasmus, mi experiencia en dubai… tengo fascículos para parar un tren!

  3. Jajaja, tal como lo cuentas parece que tenías que entrar con machete a la ducha jajajaja

  4. jajajaja con lo del machete me has recordado a esa escena de Scary movie cuando el chico le pasa la motosierra a la chica por toda la pelambrera, jajajaja

  5. Ah, ¡las alegrías de vivir en casa compartida!
    Yo me iba a mear al supermercado de al lado porque el aseo de mi casa compartida era atroz: también venía con pelos… y con más cosas pegadas al borde…

    Bueno, Dani, también he visto pisos compartidos que no eran tan guarros. Supongo que tuviste un poco de mala suerte.

    Y menos mal que se acabó este episodio tuyo, eh ;)

  6. pero de este piso quedan más fascículos por contar ::abuelete::

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